En enero pase mucho tiempo con otros líderes juveniles, y algo interesante me pasa cuando estoy con ellos: me siento en familia. No importa el país de donde venimos, los lideres de jóvenes son mi gente. Se podría decir que los líderes juveniles son mi tribu.

Soy parte de la tribu de ministros de jóvenes, buscando impactar a la siguiente generación con el evangelio de Jesús.

El diccionario Real Academia Española define una tribu así:

  • Grupo social primitivo de un mismo origen, real o supuesto, cuyos miembros suelen tener en común usos y costumbres.
  • Grupo grande de personas con alguna característica común, especialmente las pandillas juveniles violentas

Creo que la tribu de líderes juveniles cabe dentro de esas definiciones. Tenemos características comunes, objetivos que queremos lograr.

Cuando hablamos de tribus urbanas, mucha gente no entiende de que se trata el tema. Cuando ves a una tribu urbana de la cual no eres parte, es difícil entender por que alguien quisiera ser parte de ese grupo.

Lo mismo pasa con los líderes juveniles. Nosotros somos un grupo raro.

Muchos no entienden por que pasaríamos nuestro tiempo hablando de diferentes maneras de llevar el evangelio a la juventud o como ayudar a los adolescentes con su auto-estima. La gente “normal” no buscaría llevar a un grupo a un campamento y no dormiría en el piso o comer frijoles por una semana completa simplemente para que los jóvenes pudieran experimentar a Dios.

Los que queremos servir a la juventud somos pocos.

Pero cuando nos juntamos y empezamos a platicar de los retos que estamos viviendo, podemos hablar toda la noche por que la visión que tenemos nos une. La pasión por ver a los jóvenes siguiendo a Jesús y cambiando al mundo es lo que tenemos en común, y es el combustible que nos lleva a hacer estas cosas raras.

Tal vez otros no respeten el ministerio con jóvenes o los que tenemos un llamado para trabajar con la juventud y las familias. Sin embargo nuestra tribu esta creciendo, y no dejaremos de crecer hasta que hayamos alcanzando la juventud para Cristo. Nuestra misión es demasiada importante.

Como dice uno de mis pasajes favoritos de la Biblia (Salmo 71:17-18):

Tú, oh Dios, me enseñaste desde mi juventud,
y aún hoy anuncio todos tus prodigios.
Aun cuando sea yo anciano y peine canas,
no me abandones, oh Dios,
hasta que anuncie tu poder
a la generación venidera,
y dé a conocer tus proezas
a los que aún no han nacido.

¿Tu eres parte de esa tribu? [email protected]