Recientemente soy el pastor “oficial” de jóvenes en la iglesia, no quiere decir que no lo había sido antes, simplemente es la famosa “institucionalización”.

Es una responsabilidad ser pastor de jóvenes. El trabajo es arduo, se trata de relaciones interpersonales, de cambios, de padres de familia, del equipo pastoral de la iglesia, y saber como lidiar con algunos que no piensan como tú.

A continuación te describo algunas cosas con las cuáles hay que trabajar:

  • La filosofía del ministerio Juvenil. Dedicarnos a que sepan estar en sincronía con el propósito que tenemos, para no perdernos en el camino, o para que otros líderes entiendan lo que estamos haciendo.
  • Trabajar con los jóvenes. Saber quienes son nuestra audiencia, “los de afuera”, convertido, consagrado, compasivo, etc. y cómo llegaremos a ellos o de qué manera tratarlos para guiarlos hacía la madurez espiritual.
  • Programar. Cosas que puedan funcionar, o moverlos hacía el propósito, y sé necesita mucha neurona para detallarlo con el equipo. No es fácil la programación de cada evento, o serie de eventos ¡Hay que contextualizarlo a la cultura! y eso, ya es un paquete.
  • Predicaciones Juveniles. Es de cada fin de semana, preparar sermones, estudios bíblicos, lecciones para que los maestros puedan enseñarlos, etc. Tal vez, si sólo lo hiciéramos como los “grandes conferencistas” que predican lo mismo a la audiencia que van, sería fácil, pero no, tienes que ver a los mismos jóvenes que ves en la semana, y están listos para un “mensaje fresco”.
  • Los Padres. Parte ¡importante! son los que educan a sus propios hijos, no les puedes llevar la contraria, aunque a veces llevan a sus hijos para que los “ayudes”, pero en realidad “ellos necesitan ayuda”. Entonces hay que realizar reuniones de como tratar a sus adolescentes, informarles del plan de trabajo, el calendario, y “por qué hacemos lo que hacemos”.
  • Y, esta es mi favorita… Cambiar al mundo con el evangelio. Esto es duro, porque tendríamos primero que ser de testimonio a nuestra sociedad, una sociedad con bastantes jóvenes, con problemas sociales de índole global como la pobreza extrema.

En fin, hay infinidad de cosas por hacer, y que cansan, y si esto fuera un profesión como las demás, sólo sería un agotamiento físico a lo mejor. Sin embargo, esto es agotamiento emocional, mental, espiritual, ¡ah! y físico.

Pero, esto es, en caso de que dependamos de nuestras propias fuerzas. Porque si dependemos del Espíritu Santo, él hará todas estas cosas, de una manera pacifica, creativa, y espectacular.

El Espíritu Santo vive en nosotros, y es con él que tenemos contacto en esta tierra. Sin él, por más que tengas una buena filosofía impresa en un anunció luminoso, no sirve de nada, porque él es vida para guiar. El Espíritu Santo es quién debe hacerse presente en los eventos, en las predicaciones, en el trabajo con los padres, y el cambio en este mundo.

Y está conexión que desarrollamos con el Espíritu Santo es en oración, lectura de la Biblia, obediencia para producir los frutos necesarios para llegar a la madurez espiritual.

Recuerda: El Espíritu Santo no es un recurso, es una persona que debe guiar el Ministerio Juvenil de nuestra Iglesia



Este articulo fue escrito por Juan Roman Jacinto, pastor de jóvenes de la Primera Iglesia Bautista “Dios es Amor” en Puerto Escondido, Oaxaca. Es egresado del Seminario Teológico Bautista Mexicano con Licenciatura en Ministerio Juvenil, y profesor del Diplomado en Ministerio Juvenil.